Entre el 1 y el 31 de marzo de 2026, Harry revisó las principales noticias del mercado y creó este reporte automático con lo más relevante para tus inversiones.
Este análisis fue generado con inteligencia artificial. La IA puede cometer errores; si detectas alguno, por favor contáctanos.
Durante marzo, el mercado accionario nacional atravesó semanas de fluctuaciones intensas: la escalada del conflicto en Medio Oriente provocó una liquidación inicial que presionó la rentabilidad a la baja. Si bien el índice S&P IPSA logró recuperar parte del terreno perdido en las últimas semanas del mes, llegando hasta los 10.600 puntos, cerró el período con una caída de 2,18%.
El principal impulso del IPSA vino de SQM-B, cuyas acciones se beneficiaron de la recuperación del precio del litio en China y las expectativas sobre la industria de vehículos eléctricos, en un contexto en el que el petróleo ha subido su precio. Además, la temporada de pago de dividendos funcionó como un amortiguador, junto con el alza de las tarifas de flete internacional que benefició al sector naviero (Vapores y Quiñenco).
Producto de la incertidumbre, el tipo de cambio fue uno de los protagonistas del mes. El dólar inició marzo en torno a los $880 y subió hasta superar los $930, llegando a registrar un máximo intradía de $940, para luego moderarse y cerrar el período entre $923–$927.
La depreciación del peso se debió a varios factores: el alza del petróleo Brent por encima de los USD $110 por barril golpea de forma directa a una economía como la chilena, importadora neta de energía. A eso se sumó una posición vendedora de inversionistas extranjeros en derivados sobre el peso, lo que amplificó el movimiento. Sin embargo, el cobre operó como una especie de ancla que contuvo la depreciación del peso, ya que su precio se mantuvo en niveles altos —entre USD $5,48 y USD $5,55 la libra—.
En marzo también llegó el cambio de mando. José Antonio Kast asumió la Presidencia de la República, inaugurando un nuevo ciclo político. Entre las primeras medidas del nuevo gobierno destacó la eliminación temporal del IVA a viviendas nuevas, enmarcada en un plan de reconstrucción para las zonas afectadas por los incendios forestales en el sur del país.
En materia fiscal, el ministro de Hacienda describió el estado de las cuentas públicas como "delicado" y anunció un recorte inmediato del 3% en el gasto público, equivalente a USD $3.800 millones. Paralelamente, se instaló en la agenda el creciente incumplimiento de pagos del CAE como un factor de riesgo a monitorear.
En el plano productivo, las cifras confirmaron un crecimiento del 2,5% para la economía chilena en 2025, mientras que la minera Freeport-McMoRan ingresó a evaluación ambiental un proyecto de ampliación en El Abra por USD $7.500 millones.
El Informe de Política Monetaria (IPoM) de marzo introdujo cambios significativos en su diagnóstico y estrategia. El Banco Central revisó a la baja su proyección de crecimiento para 2026, situándose en un rango de 1,5%–2,5%, en línea con un entorno externo más complejo, producto del enfrentamiento geopolítico en Medio Oriente.
Respecto a la inflación, si bien febrero cerró con una variación anual de 2,4%, el alza en los precios de los combustibles plantearía un riesgo de rebote hacia el 4% durante el segundo trimestre, lo que retrasaría la convergencia a la meta del 3% hasta mediados de 2027.
Frente a esta mayor incertidumbre, el Consejo optó por abandonar la orientación prospectiva fija para la Tasa de Política Monetaria y adoptar una evaluación reunión a reunión, calibrando cada decisión según cómo evolucionen los datos.
En cuanto al precio del cobre, el Banco Central proyectaría un promedio de USD $5,4 la libra para 2026, sustentada en la demanda estructural de la electromovilidad y la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.
En períodos de mayor volatilidad, la evidencia favorece mantener una estrategia de inversión diversificada y con horizonte de largo plazo, evitando ajustes de cartera motivados por el ruido de corto plazo.
El principal factor que condicionó los mercados durante marzo fue la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que derivó en ataques directos sobre la infraestructura energética en el Golfo Pérsico, incluyendo instalaciones en Irán, Qatar y la principal refinería de Saudi Aramco. Además, la incorporación de las milicias hutíes de Yemen al conflicto añadió una nueva dimensión de riesgo.
La amenaza de un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente un quinto del crudo mundial, provocó que el petróleo Brent registrara su mayor alza mensual histórica, cerrando en torno a los USD $113 por barril —su nivel más elevado desde mediados de 2022— mientras el WTI superó los USD $100, llevando el precio de la gasolina en Estados Unidos por encima de los USD $4 por galón.
Si bien el presidente iraní Masoud Pezeshkian manifestó su disposición a negociar con garantías, el presidente Donald Trump mantuvo un tono confrontacional, advirtiendo sobre posibles acciones contra las instalaciones petroleras iraníes. Los analistas estiman que, ante un cierre del estrecho por tres meses, el crudo podría alcanzar los USD $150 por barril.
El mercado estadounidense experimentó su mayor racha negativa en casi cuatro años. El S&P 500, el Nasdaq y el Dow Jones tocaron mínimos de ocho meses y entraron en territorio de corrección, acumulando caídas superiores al 10%.
Este comportamiento respondió a una serie de factores:
Los mercados europeos acusaron con particular intensidad el impacto del conflicto, dado su alto grado de dependencia energética. Los futuros del gas natural europeo llegaron a subir un 70% tras los primeros ataques en la región, antes de moderar parte de ese movimiento por los rumores de vías diplomáticas.
Las bolsas no se libraron de la volatilidad. El FTSE 100 y el Euro Stoxx 50, pese a intentos de recuperación, cerraron marzo con caídas mensuales del 6,7% y 9,3%, respectivamente.
El encarecimiento de la energía condicionó también la postura de los bancos centrales: tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Inglaterra adoptaron un tono más restrictivo, y los mercados ya descuentan nuevas alzas de tasas para contener el rebrote inflacionario.
Los mercados asiáticos sufrieron el impacto energético con especial intensidad, dada su dependencia estructural de las importaciones de petróleo. El Nikkei de Japón fue uno de los índices más afectados, retrocediendo más de un 10% en el mes.
Por su parte, China tuvo una lectura distinta. A pesar de que el gobierno redujo su meta de crecimiento para 2026 al rango de 4,5%–5%, el nivel más conservador en décadas, el índice CSI 300 mostró una resiliencia que contrastó con el resto de la región.
El factor determinante fue el desempeño del comercio exterior: las exportaciones chinas crecieron un 21,8% interanual entre enero y febrero, mientras que las importaciones avanzaron un 19,8%, cifras que superaron ampliamente las proyecciones del mercado.
Los episodios de ajuste en los mercados suelen ser transitorios cuando no están respaldados por un deterioro estructural sostenido. En ese sentido, los analistas coinciden en privilegiar una visión de largo plazo por sobre los movimientos de corto plazo.