Dólar baja, bolsa chilena en récord y commodities en foco en una semana de alta volatilidad global.

La semana del 12 al 16 de enero de 2026 volvió a confirmar una dinámica cada vez más recurrente en los mercados: el ruido político genera volatilidad de corto plazo, pero los flujos de inversión siguen respondiendo de forma clara. La tensión institucional en Estados Unidos debilitó al dólar y aceleró la rotación hacia mercados emergentes y materias primas, abriendo oportunidades que el mercado chileno supo capitalizar.
El resultado fue una combinación poco frecuente: el peso chileno se fortaleció, la bolsa local estuvo en máximos históricos y los commodities actuaron como un refugio, incluso en un contexto internacional marcado por la incertidumbre.
El tipo de cambio en Chile vivió una semana de alta volatilidad, influido tanto por factores externos —principalmente la debilidad estructural del dólar— como por elementos locales. El dólar cerró la semana en $887,2, acumulando una caída semanal cercana a $7, reflejando una apreciación relevante del peso chileno.
La semana comenzó con una fuerte presión bajista. El lunes, el dólar cayó $9,1, cerrando en $884,9, su nivel más bajo desde enero de 2024. El detonante fue la noticia de que la Casa Blanca impulsaba una investigación penal contra Jerome Powell, lo que generó dudas inmediatas sobre la independencia de la Fed y provocó una venta masiva de activos denominados en dólares a nivel global.
A nivel local, el peso recibió un impulso adicional por la renovación del programa de ventas de divisas del Ministerio de Hacienda —con liquidaciones por US$300 millones— y por un renovado posicionamiento de Chile como destino atractivo de capitales, tras cambios políticos percibidos como favorables para los negocios.
El martes se observó un rebote moderado. Aunque el dólar llegó a tocar un mínimo intradía de $880,2, la aparición de demanda en esos niveles llevó al cierre en $886,8, con un alza marginal de $1.
El movimiento se dio en un contexto de datos de inflación en EE.UU. sin sorpresas negativas: la inflación de diciembre fue 0,3% mensual (2,7% anual), mientras que la inflación subyacente se ubicó en 0,2% mensual, levemente por debajo de lo esperado. Factores locales —como nuevas ventas de dólares de la Dipres y el desarme de posiciones en forwards— limitaron un repunte mayor.
A mitad de semana, el dólar volvió a debilitarse y cerró el miércoles en $883, marcando un nuevo mínimo desde fines de 2023. La presión bajista estuvo asociada a sorpresas positivas en los datos de comercio exterior de China, que impulsaron el precio del cobre hasta niveles récord, superando los US$6,00 por libra.
El jueves, el tipo de cambio se mantuvo relativamente estable y cerró en $883,5, ya que el apetito por monedas latinoamericanas compensó el repunte de las tasas largas en EE.UU., tras datos de empleo más resilientes.
El viernes, el dólar repuntó $3,7, cerrando en $887,2. El movimiento respondió principalmente a una fuerte caída en el precio del cobre, gatillada por medidas regulatorias en China para frenar la especulación. A esto se sumó la incertidumbre respecto de quién sería el eventual nominado por Donald Trump para reemplazar a Powell, lo que agregó volatilidad hacia el cierre de la semana.
El mercado accionario chileno tuvo un desempeño destacado durante la mayor parte de la semana, desacoplándose de la volatilidad observada en Wall Street. El índice S&P IPSA marcó hitos históricos.
El lunes, el IPSA superó por primera vez los 11.000 puntos, cerrando con un alza de 1,3% en 11.066,16 unidades. El optimismo se sustentó en la percepción de que la incertidumbre en Estados Unidos favorecía la rotación de flujos hacia mercados emergentes y commodities. Acciones ligadas al litio y la energía, como SQM-B y Engie, lideraron las alzas iniciales.
La tendencia alcista continuó el martes, con un avance adicional de 1,7%, cerrando en 11.254,48 puntos, apoyado por un elevado volumen transado —superior a $280 mil millones— y una intensa actividad en la subasta de cierre. El mercado comenzó a descontar una mayor probabilidad de recortes de tasa por parte del Banco Central de Chile en marzo, beneficiando a sectores sensibles a la tasa, como el inmobiliario comercial.
El jueves se produjo una corrección. El IPSA cayó 1,2%, retrocediendo a 11.087,98 puntos, en una toma de ganancias generalizada previa al fin de semana largo en EE.UU. Papeles como CMPC, Colbún y Falabella lideraron las caídas.
El viernes, pese a operar gran parte de la jornada en terreno negativo por la caída de SQM, el IPSA logró revertir las pérdidas en la subasta de cierre y terminó con un alza de 0,6%, en 11.156,73 puntos. En el balance semanal, el índice acumuló una rentabilidad de 2,1% en pesos y 3% en dólares, destacando el ingreso de flujos tanto de inversionistas retail como extranjeros.
El foco internacional estuvo puesto en la ofensiva judicial del gobierno de Donald Trump contra Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal. La apertura de una investigación penal por presuntos sobrecostos en las renovaciones del banco central y por el contenido de testimonios previos ante el Congreso fue interpretada por el mercado como un quiebre institucional, generando un shock de confianza respecto de la independencia de la Fed.
En un movimiento poco habitual, Powell respondió públicamente, calificando estas acciones como “pretextos” para interferir en la política monetaria. La señal fue suficiente para debilitar al dólar a nivel global y acelerar una rotación de flujos hacia activos refugio, como el oro, además de favorecer a mercados emergentes percibidos como menos expuestos al ruido político de corto plazo.
Hacia el cierre de la semana, la atención del mercado se desplazó desde el conflicto judicial hacia la incertidumbre sobre la eventual sucesión en la presidencia de la Fed. Comenzó a tomar fuerza la posible nominación de Kevin Hassett, asesor económico de la Casa Blanca y de postura monetaria más flexible, como sucesor de Powell. Esta falta de claridad sobre el futuro liderazgo del banco central elevó la volatilidad en los mercados de renta fija y provocó un aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro.
El reporte del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre en Estados Unidos entregó tranquilidad a los mercados al ubicarse en línea con las expectativas. La inflación general alcanzó 2,7% anual, con un alza mensual de 0,3%, confirmando que no hubo presiones inflacionarias inesperadas que obligaran a la Reserva Federal a endurecer su política monetaria.
Más relevante fue la inflación subyacente, que mostró una leve desaceleración hasta 2,6% anual, ubicándose por debajo de lo esperado. Este dato refuerza la idea de que las presiones inflacionarias continúan cediendo y que la política restrictiva ha sido efectiva sin frenar bruscamente la actividad económica.
En paralelo, el mercado laboral se mantuvo sólido. Las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo cayeron a 198.000, su nivel más bajo desde comienzos de 2024, evidenciando que las empresas continúan reteniendo trabajadores pese a las tasas elevadas.
Este mix de inflación en descenso y empleo resiliente configura un escenario de “aterrizaje suave”, lo que ha permitido que el mercado mantenga las expectativas de dos recortes de tasas por parte de la Fed durante 2026, previsiblemente hacia la segunda mitad del año.
El riesgo geopolítico volvió a ganar protagonismo a mitad de semana, aunque terminó disipándose hacia el viernes. Las tensiones en Medio Oriente generaron movimientos en activos como el petróleo y los metales preciosos, reflejando la sensibilidad del mercado a los titulares políticos.
El nerviosismo se originó tras reportes de una fuerte represión del régimen iraní frente a protestas masivas, situación que escaló cuando Donald Trump endureció su discurso, llamando a los manifestantes a continuar y señalando que evaluaba “muy seriamente” opciones de intervención. Ante este escenario, el petróleo Brent subió a máximos desde octubre y los inversionistas se refugiaron en el oro y la plata, que marcaron nuevos récords.
Hacia el jueves, el tono cambió. Trump afirmó haber recibido garantías de una desescalada de la violencia y el embajador iraní en Pakistán indicó que Estados Unidos no buscaría una intervención militar. Con el riesgo inmediato de conflicto reduciéndose, el petróleo corrigió cerca de 4,5%, revirtiendo gran parte de las alzas previas.
China volvió a marcar el pulso del mercado de commodities, especialmente del cobre, clave para la economía chilena. A mitad de semana, el país asiático publicó cifras de comercio exterior de diciembre que superaron las expectativas, evidenciando resiliencia pese a la guerra arancelaria. Este dato, junto con la debilidad del dólar, llevó al cobre a un récord histórico de US$6,08 por libra.
Sin embargo, el viernes el gobierno chino intervino para enfriar el mercado. Al considerar que el alza estaba impulsada por especulación financiera y no por demanda real, los reguladores ordenaron retirar a los traders de alta frecuencia de los principales centros de negociación, incluida la Bolsa de Futuros de Shanghái. La medida provocó una venta masiva de contratos, con caídas de 2,1% en Londres y 2,6% en Comex, llevando al cobre a cerrar la semana en torno a US$5,82 por libra.
Esta corrección tuvo efectos inmediatos en Chile: al perder el peso su principal soporte, el dólar repuntó cerca de $4 durante la jornada del viernes.
Mientras el mercado chileno celebraba máximos históricos, los mercados internacionales mostraron un desempeño mixto y volátil, influido por la rotación de carteras y la temporada de resultados corporativos.
La semana en Wall Street estuvo marcada por una tensión constante entre el optimismo asociado a la inteligencia artificial y la lectura más mixta que dejó la temporada de resultados corporativos tradicionales, todo bajo la persistente sombra de la incertidumbre política.
Los intentos de rebote observados el martes y el jueves tuvieron un motor claro en el sector tecnológico. Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el mayor fabricante de chips del mundo, reportó resultados ampliamente superiores a lo esperado y anunció planes para aumentar de forma significativa su inversión, con el objetivo de responder a la creciente demanda asociada a la inteligencia artificial. Este anuncio reactivó el apetito por riesgo en tecnología y reforzó la tesis de que el ciclo de expansión de la IA sigue vigente.
En paralelo, los resultados del sector bancario generaron sentimientos encontrados. Por un lado, Goldman Sachs y Morgan Stanley superaron las expectativas del mercado, apoyados en un entorno de mayor actividad en trading y banca de inversión. Y por otro lado, la banca más orientada al crédito tradicional y al consumidor mostró un desempeño débil. Wells Fargo y Bank of America sufrieron caídas significativas tras entregar resultados que no convencieron, en un contexto de tasas de interés inciertas. JPMorgan Chase también había decepcionado previamente, reforzando la presión sobre el sector.
El viernes, el mercado no logró sostenerse. El índice Nasdaq retrocedió 1% y el S&P 500 cayó 0,5%. A esto contribuyeron dos factores: la incertidumbre política en torno a una eventual nominación de Kevin Hassett para liderar la Reserva Federal, lo que elevó los rendimientos de los bonos del Tesoro en más de cinco puntos base, y la toma de utilidades antes del fin de semana largo en Estados Unidos por el feriado del Día de Martin Luther King Jr.
Japón vivió una semana de fuerte optimismo bursátil impulsado por factores políticos internos. El índice Nikkei avanzó 3,8% en la semana, alcanzando nuevos máximos históricos.
Este movimiento fue bautizado como el “Takaichi trade”, en referencia a la primera ministra Sanae Takaichi, quien anunció su intención de disolver la Cámara Baja y convocar a elecciones anticipadas. El mercado interpretó que, de consolidar su poder sin depender de concesiones a la oposición, podría implementar un paquete de estímulo fiscal ambicioso, impulsando el crecimiento económico. Bajo esa expectativa, los inversionistas aumentaron su exposición a acciones japonesas.
En tanto, en China, el Hang Seng, que sigue el rendimiento de las 50 empresas más importantes de Hong Kong y China continental, subió 2,3% en la semana, beneficiado por valorizaciones atractivas y un optimismo inicial tras datos positivos de exportaciones. En contraste, el índice que réplica el rendimiento de las empresas más importantes de china continental, CSI 300 cerró con una leve caída, afectado hacia el final de la semana por la intervención de los reguladores chinos para frenar la especulación en materias primas, lo que enfrió el ánimo en los sectores industriales.
En Europa, la volatilidad fue más acotada. El Euro Stoxx 50, pese a caer 0,2% el viernes, logró cerrar la semana en terreno positivo. El FTSE 100 de Londres mostró un desempeño más sólido, desacoplándose de las caídas del sector bancario estadounidense y actuando como un activo defensivo en medio de las tensiones globales.
El sector de las materias primas fue protagonista indiscutido de la semana, actuando tanto como refugio como motor para los mercados emergentes.
Durante la primera mitad de la semana, entre lunes y miércoles, el cobre actuó como un termómetro del optimismo en torno a China y de la debilidad del dólar a nivel global. El principal detonante fue la publicación de cifras de comercio exterior de diciembre por parte de China, tanto en exportaciones como en importaciones, que sorprendieron positivamente al mercado.
Este escenario, combinado con un dólar debilitado, impulsó al metal rojo hasta un máximo histórico de US$6,08 por libra durante la jornada del miércoles, reflejando un fuerte apetito por activos ligados al ciclo industrial.
Sin embargo, el cierre de la semana trajo un giro. El viernes, el precio del cobre cayó 2,1% en la Bolsa de Metales de Londres y 2,6% en el mercado Comex de Estados Unidos, cerrando en torno a los US$5,82 por libra.
Esta corrección no respondió a un ajuste natural de mercado, sino a una intervención directa de las autoridades chinas. Desde Beijing se consideró que el alza de precios se había desconectado de la demanda física real y comenzaba a afectar negativamente al consumo industrial.
Para enfriar el mercado, los reguladores ordenaron a las principales plazas bursátiles —incluida la Bolsa de Futuros de Shanghái— retirar de sus centros de datos los servidores utilizados por firmas de trading de alta frecuencia. Al eliminar esta capa de especulación algorítmica, se forzó una venta masiva de contratos que aceleró la caída del precio.
A diferencia del cobre, cuyo movimiento estuvo dominado por expectativas industriales, los metales preciosos avanzaron impulsados principalmente por el aumento de la incertidumbre institucional y geopolítica.
El oro rompió niveles psicológicos y técnicos relevantes al inicio de la semana, alcanzando un nuevo máximo histórico de US$4.600 la onza. Ante la disputa entre la Casa Blanca y la Reserva Federal, los inversionistas optaron por refugiarse en activos duros, independientes de la solvencia de los gobiernos.
La plata amplificó estos movimientos y mostró una volatilidad aún mayor. El metal llegó a subir 5,8% en una sola jornada, el miércoles, tras haber tocado máximos históricos por sobre los US$84 la onza a comienzos de la semana.
Además del conflicto en Estados Unidos, las tensiones geopolíticas en Medio Oriente reforzaron el rol del oro y la plata como los activos de refugio preferidos durante la semana.
La información que se encuentra en este blog está destinada a un uso informativo general. No corresponde, en ninguna circunstancia, a un consejo personalizado de inversión. Cada individuo cuenta con necesidades diferentes, por lo que debes tener en consideración tu perfil de riesgo y objetivos, antes de tomar una decisión sobre tu situación financiera. Cabe destacar que, en este blog, se comparten solo datos fiables sobre el comportamiento histórico del mundo de las inversiones. Sin embargo, no se puede garantizar un resultado específico sobre el mercado, ya que el rendimiento podría variar. Ten en consideración que toda inversión está sujeta a riesgos, entre ellos la pérdida del dinero invertido; cada ejemplo que hemos proporcionado es meramente ilustrativo, ya que somos incapaces de poder predecir cómo se comportará el mercado.