IPSA, dólar y mercados globales: claves para entender la semana.

La semana estuvo marcada por una alta volatilidad, impulsada por la escalada del conflicto en Medio Oriente y sorpresas inflacionarias en Estados Unidos. El optimismo inicial se disipó rápidamente tras ataques a infraestructura energética en Irán y Qatar, sumado a un tono más cauteloso de los bancos centrales, lo que llevó a fuertes caídas en los mercados internacionales, amplificadas además por factores técnicos como la “triple hora bruja”.
En Chile, el IPSA comenzó al alza apoyado por factores locales y resultados corporativos, pero terminó revirtiendo sus ganancias ante el deterioro externo, cerrando con una caída semanal de 1,8%.
En paralelo, las materias primas mostraron una fuerte divergencia: el petróleo subió con fuerza por riesgos de suministro, mientras el cobre cayó ante temores de menor crecimiento global. Este escenario, junto con mayores tasas externas, impulsó al dólar en Chile, que cerró en $934,3, su nivel más alto en cuatro meses.
El principal indicador de la Bolsa de Santiago, el S&P IPSA, vivió una semana de alta volatilidad. Tras un inicio positivo impulsado por factores locales y cierto optimismo internacional, el índice terminó revirtiendo completamente sus ganancias, cerrando con una caída semanal de 1,8%.
El lunes, el IPSA abrió la semana con un alza de 1,1%, alcanzando los 10.582 puntos, impulsado por acciones de alta ponderación como Enel Américas, Falabella y Vapores. Este desempeño se vio apoyado por un mejor ánimo en los mercados globales, ante expectativas de una eventual reapertura del estrecho de Ormuz liderada por Estados Unidos.
Fuera del índice principal, destacó el fuerte repunte del sector construcción e inmobiliario. Empresas como Socovesa, Besalco, EISA e Ingevec reaccionaron con importantes alzas tras el anuncio del Presidente José Antonio Kast de eliminar temporalmente el IVA a las viviendas nuevas, en el marco del plan de reconstrucción por los incendios en el sur.
El martes, el IPSA extendió su racha positiva y anotó su tercera jornada consecutiva de ganancias, cerrando en 10.618 puntos. En esta sesión, el foco estuvo en los resultados corporativos: Concha y Toro lideró las alzas con un salto cercano al 4%, tras reportar sólidos resultados del cuarto trimestre de 2025 y anunciar un programa de recompra de acciones equivalente al 4% de su capital.
El miércoles, el mercado cerró prácticamente plano, en torno a los 10.619 puntos, en una jornada de bajo volumen. Los inversionistas adoptaron una postura más cauta a la espera de la decisión de política monetaria de la Reserva Federal. Si bien la Fed mantuvo las tasas sin cambios, el mensaje de su presidente, Jerome Powell, fue interpretado como restrictivo. Sus advertencias sobre la persistencia de presiones inflacionarias —especialmente por el alza en los precios de la energía— redujeron el apetito por riesgo a nivel global.
En el plano local, el Banco Central informó que el PIB de Chile creció un 2,5% en 2025, dato que no logró cambiar el tono de cautela en los mercados.
El jueves, el IPSA cayó un 1,4%, bajando del nivel de los 10.500 puntos. Analistas atribuyeron el movimiento principalmente a flujos globales, más que a fundamentos locales, afectando con fuerza a acciones como SQM-B, Cencosud y Falabella.
El viernes, la presión vendedora se intensificó, llevando al índice a retroceder un 1,9% adicional y cerrar en 10.277 puntos. Las mayores caídas se registraron en Aguas Andinas-A (-6,7%), Cencosud (-5,8%) y CAP (-4,7%).
Esta caída se vio amplificado por factores técnicos, el rebalanceo de índices del proveedor FTSE generó un volumen de transacciones inusualmente alto —cercano a los $330 mil millones— concentrándose cerca de un 30% en acciones como Latam y SQM-B.
A esto se sumó un factor clave en el deterioro del ánimo: el creciente temor a que el Banco Central de Chile se vea obligado a subir nuevamente las tasas de interés, en respuesta a presiones inflacionarias importadas.
El lunes comenzó con un respiro para el peso chileno. El dólar cayó $10,9, cerrando en $909,3, impulsado por una menor demanda global por activos refugio. El mercado reaccionó positivamente a los reportes de que Estados Unidos buscaba liderar una coalición internacional —con países de la OTAN y aliados asiáticos— para escoltar embarcaciones y facilitar la reapertura del estrecho de Ormuz, reduciendo los temores inmediatos sobre el suministro energético global.
El martes, la tendencia bajista continuó de forma moderada, con una caída adicional de $1,4, llevando al tipo de cambio a $907,8, en una jornada dominada por la cautela previa a la decisión de la Reserva Federal. El miércoles marcó un giro clave en la trayectoria del dólar. La divisa subió $10,1 hasta $917,9, impulsada por dos factores provenientes de Estados Unidos: El aumento del IPP (+0,7%) y el tono más restrictivo que tuvo el discurso de Jerome Powell.
El jueves estuvo marcado por una elevada volatilidad, el dólar llegó a tocar un máximo intradía de $928, pero posteriormente corrigió y cerró con una baja de $4, en $913,9. Esta reversión respondió principalmente a un debilitamiento global del dólar —medido por el dollar index— que cayó cerca de 0,7%. Esto ocurrió en un contexto donde otras economías desarrolladas comenzaron a endurecer su política monetaria.
Tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Inglaterra adoptaron un tono más restrictivo, mostrando disposición a subir tasas para contener la inflación derivada de la crisis energética. Esto redujo el diferencial de tasas a favor de Estados Unidos, debilitando momentáneamente al dólar.
El viernes marcó el movimiento más abrupto de la semana. El dólar subió $20,4, cerrando en $934,3, su nivel más alto desde fines de noviembre de 2025 y completando su sexta semana consecutiva al alza. Este salto respondió a un deterioro significativo del contexto global, dominado por la escalada del conflicto entre Irán e Israel.
La intensificación del conflicto en Medio Oriente elevó la aversión al riesgo. Se confirmaron daños relevantes en infraestructura energética del golfo Pérsico, incluyendo ataques al yacimiento de South Pars en Irán y a instalaciones de gas natural licuado en Qatar. Esto impulsó el precio del petróleo, con el Brent alcanzando niveles cercanos a los US$112,5 por barril, presionando al alza al dólar a nivel global.
Chile enfrentó un shock negativo por partida doble. Por un lado, el alza del petróleo impacta directamente al país, dado que los derivados representan cerca del 20% de sus importaciones, lo que tiende a presionar el tipo de cambio al alza.
Por otro, el cobre —principal exportación chilena— cayó hasta US$5,33 por libra. Este descenso estuvo asociado a un aumento del 135% en inventarios en la Bolsa de Metales de Londres y al temor de una desaceleración global producto del encarecimiento de la energía.
La combinación de incertidumbre geopolítica y tasas más altas en economías desarrolladas redujo el atractivo relativo del peso chileno. El menor carry, sumado a la percepción de mayor riesgo, llevó a una salida de capitales y a un aumento en posiciones especulativas contra la moneda local. De hecho, las posiciones netas en contratos forward apostando contra el peso alcanzaron su nivel más alto desde agosto de 2020.
El Banco Central publicó su informe de Cuentas Nacionales, confirmando que la economía chilena creció un 2,5% en 2025 y un 1,6% en el cuarto trimestre. Con este resultado, el crecimiento promedio de los últimos cuatro años —correspondientes a la administración del expresidente Gabriel Boric— se ubicó en 2%, posicionándose como el segundo peor desempeño desde el retorno a la democracia, solo por sobre el 1,8% registrado durante el segundo mandato de Michelle Bachelet.
Pese al crecimiento, desde el propio Gobierno se reconoció un desempeño insuficiente. El subsecretario de Hacienda señaló que “la economía chilena sigue siendo incapaz de cumplir con las expectativas, necesidades y sueños de los chilenos”.
El crecimiento de 2025 estuvo liderado por la demanda interna. La inversión (Formación Bruta de Capital Fijo) destacó con un alza de 7%, impulsada por compras de maquinaria, equipos eléctricos y transporte. A su vez, el consumo de los hogares creció 2,7%, con mayor dinamismo en bienes no durables como vestuario y alimentos.
A nivel sectorial, sobresalieron:
En contraste, la minería y los servicios de electricidad, gas y agua mostraron caídas. En paralelo, las expectativas de inflación se ajustaron al alza —entre 3% y 3,6%— presionadas por el encarecimiento de combustibles, alimentos y fertilizantes, en un contexto de tensión geopolítica global.
En el plano político, uno de los anuncios más relevantes fue la decisión del Presidente José Antonio Kast de eliminar temporalmente el IVA a las viviendas nuevas, como parte del plan de reconstrucción tras los incendios forestales en el sur. En la misma línea, el Gobierno y gremios anunciaron la creación de un fondo para cubrir IVA y copagos de más de 400 emprendedores afectados en la región del Biobío.
Sin embargo, estas medidas no estuvieron exentas de críticas. Grandes empresarios manifestaron su preocupación por la eventual eliminación del IVA a la vivienda y por el impacto del alza de los combustibles, trasladando sus inquietudes al ministro de Hacienda.
En minería, la filial chilena de Freeport-McMoRan ingresó a evaluación ambiental el proyecto de ampliación de El Abra, que contempla una inversión de US$7.500 millones, posicionándose como una de las iniciativas más relevantes del sector.
A nivel internacional, Hitachi Construction Machinery anunció que abrirá una sede regional en Chile, junto con un plan de inversión de US$200 millones para América Latina.
En la bolsa local, Concha y Toro destacó tras reportar sólidos resultados del cuarto trimestre de 2025 y anunciar un programa de recompra de acciones por el 4% de su capital, lo que impulsó sus papeles cerca de 4%.
Hacia el cierre de la semana, el mercado accionario registró un volumen inusualmente alto —del orden de $330 mil millones— debido al rebalanceo de índices de FTSE, concentrándose cerca de un 30% en acciones como Latam y SQM-B.
Un dato especialmente preocupante provino del sistema previsional. Se reportó que la pensión promedio de vejez bajo la modalidad de rentas vitalicias ha caído más de un 50% en los últimos cuatro años, ubicándose en torno a los $319 mil.
Este deterioro vuelve a poner en el centro del debate la sostenibilidad y suficiencia del sistema de pensiones en Chile.
El mercado estadounidense vivió una semana de alta volatilidad, marcada por un cambio de expectativas. Lo que comenzó con un tono optimista dio paso a una fuerte corrección, llevando a los principales índices —S&P 500, Nasdaq y Dow Jones— a tocar sus niveles más bajos del año.
El lunes, Wall Street partió con fuerza. El Nasdaq avanzó un 1,2%, el S&P 500 subió un 1% y el Dow Jones ganó un 0,8%, impulsados por un mayor apetito por riesgo. El optimismo estuvo asociado a expectativas de que Estados Unidos podría liderar una coalición internacional para reabrir el estrecho de Ormuz, lo que reduciría los riesgos sobre el suministro energético global.
El martes, las alzas continuaron, aunque con menor intensidad. El Nasdaq 100 subió un 0,5%, el S&P 500 un 0,3% y el Dow Jones un 0,1%. Este movimiento estuvo impulsado, en parte, por un fenómeno de “FOMO” (miedo a quedarse fuera), donde inversionistas aprovecharon las caídas previas para entrar al mercado, anticipando —de forma prematura— una resolución rápida del conflicto en Medio Oriente.
El miércoles marcó un giro decisivo. Los mercados cayeron con fuerza, llevando a los índices a sus niveles más bajos desde noviembre de 2025. El Dow Jones retrocedió un 1,6%, el Nasdaq un 1,5% y el S&P 500 un 1,4%. El detonante fue doble:
Powell también enfatizó que la economía enfrenta niveles “extraordinariamente altos de incertidumbre”, lo que provocó ventas en bonos del Tesoro y un aumento en sus rendimientos. En consecuencia, los mercados ajustaron sus expectativas: la probabilidad de recortes de tasas en 2026 cayó a cerca de un 60%.
El deterioro del mercado se acentuó en la segunda mitad de la semana, en línea con el aumento de tensiones en Medio Oriente. Los ataques a infraestructura energética en el golfo Pérsico —incluyendo instalaciones en Irán y Qatar— intensificaron la aversión al riesgo y presionaron a la baja a los activos bursátiles.
El jueves, el S&P 500 y el Nasdaq volvieron a caer, marcando nuevos mínimos anuales en ese momento. El viernes, la corrección se profundizó: Nasdaq cayó un 2%, S&P 500 un 1,5% y el Dow Jones bajó un 1%.
El principal factor fue el agravamiento del conflicto entre Israel e Irán. Surgieron reportes sobre posibles preparativos de Estados Unidos para una incursión terrestre, mientras que Irán endureció su postura respecto al estrecho de Ormuz. Este escenario elevó significativamente la incertidumbre global y el riesgo percibido por los inversionistas.
El aumento de la inflación esperada, junto con un tono más restrictivo de la Fed, impulsó al alza los rendimientos de los bonos del Tesoro, restando atractivo relativo a la renta variable.
A la presión fundamental se sumó un factor técnico clave. El viernes se produjo el vencimiento simultáneo de contratos derivados en Wall Street —conocido como la “triple hora bruja”— por un monto cercano a US $5,7 billones. Este evento amplificó la volatilidad y aceleró las caídas en los precios de las acciones.
La “triple hora bruja” es un evento técnico del mercado bursátil que ocurre el tercer viernes del último mes de cada trimestre, cuando vence simultáneamente una gran cantidad de contratos derivados, principalmente opciones. Este tipo de vencimientos genera alta volatilidad porque los operadores deben decidir rápidamente si cierran, ejercen o renuevan sus contratos.
Las bolsas del continente estuvieron presionadas por dos factores clave: la escalada de la crisis energética —derivada del conflicto en Medio Oriente— y un endurecimiento en el tono de los principales bancos centrales, que elevó las expectativas de nuevas alzas de tasas.
Durante las primeras jornadas, las bolsas europeas lograron sostener un tono positivo, impulsadas por expectativas de una posible estabilización del escenario geopolítico. El lunes, el Euro Stoxx 50 subió un 0,4%, mientras que el FTSE 100 avanzó un 0,6%, apoyados por la esperanza de que los esfuerzos diplomáticos liderados por Estados Unidos permitieran reabrir el estrecho de Ormuz y aliviar las tensiones en el suministro energético.
Sin embargo, el optimismo fue limitado. Los inversionistas operaron con cautela, a la espera de decisiones clave de política monetaria, especialmente del Banco Central Europeo (BCE).
El miércoles, incluso antes de conocerse las definiciones de la Reserva Federal en Estados Unidos, los principales índices europeos ya operaban en terreno negativo. El FTSE 100 cayó un 0,9% y el Euro Stoxx 50 retrocedió un 0,6%. Este movimiento reflejó un cambio en el sentimiento de mercado, con mayor cautela ante el aumento de la incertidumbre global.
El jueves, las bolsas europeas registraron fuertes caídas tras el impacto de nuevos ataques a infraestructura energética en Medio Oriente, incluyendo instalaciones en Irán y Qatar. Estos eventos intensificaron los temores sobre el suministro de gas y petróleo, particularmente relevantes para Europa: El Euro Stoxx 50 cayó un 2,1%, mientras que el FTSE 100 retrocedió un 2,4%.
A este contexto se sumó el tono adoptado por los bancos centrales. Tanto el BCE como el Banco de Inglaterra (BoE) mantuvieron sus tasas, pero reforzaron un discurso restrictivo, advirtiendo sobre riesgos inflacionarios derivados del alza en los precios de la energía. El mercado interpretó estas señales como un anticipo de futuras alzas de tasas.
El viernes, las bolsas europeas extendieron sus caídas en un contexto de creciente temor a un conflicto prolongado y a un escenario de estanflación. El Euro Stoxx 50 retrocedió un 2% adicional, mientras que el FTSE 100 cayó un 1,4%.
El cambio en las expectativas tuvo un impacto inmediato en los mercados de renta fija. Se registró una liquidación de bonos soberanos europeos, con un aumento relevante en sus rendimientos. En el caso de los gilts británicos, las tasas en los tramos cortos subieron cerca de 30 puntos base.
En paralelo, los mercados monetarios comenzaron a internalizar nuevas alzas de tasas:
El mercado asiático registró una semana de comportamiento mixto, marcada por un inicio positivo impulsado por datos económicos en China, pero que terminó cediendo ante el deterioro del sentimiento global por la crisis geopolítica.
Las primeras jornadas estuvieron dominadas por sorpresas macroeconómicas positivas en China: La producción industrial y las ventas minoristas de febrero superaron las expectativas, mientras que la inversión en activos fijos también mostró un desempeño mejor al previsto. Incluso algunos indicadores del debilitado sector inmobiliario lograron ubicarse por sobre las proyecciones del mercado.
Este escenario impulsó al índice Hang Seng de Hong Kong, que el lunes subió un 1,5%. En contraste, el CSI 300 de China continental mostró un comportamiento más plano. Sin embargo, el martes, el optimismo se moderó y los mercados operaron con cautela. El CSI 300 registró una caída de 0,7%, reflejando un entorno de mayor incertidumbre.
El miércoles, las bolsas asiáticas lograron desmarcarse momentáneamente del contexto global. El principal protagonista fue Japón, donde el índice Nikkei avanzó un sólido 2,9%, liderando las ganancias en la región en una jornada previa a las definiciones de la Reserva Federal en Estados Unidos.
El jueves marcó un cambio en el tono del mercado. Las noticias sobre ataques a infraestructura energética en Irán y Qatar impactaron directamente en el sentimiento global, elevando la aversión al riesgo y afectando a las bolsas asiáticas.
El viernes, las bolsas chinas extendieron sus pérdidas en línea con el deterioro del entorno global: El Hang Seng retrocedió un 0,9%, mientras que el CSI 300 cayó un 0,4%. En tanto, la bolsa de Tokio no registró operaciones debido al feriado del equinoccio de primavera, lo que redujo la actividad en la región.
En paralelo, el Banco de Japón decidió mantener su tasa de interés sin cambios. Sin embargo, el contexto inflacionario —impulsado por el alza en los precios de la energía— llevó a los mercados a anticipar un posible giro en su política monetaria. Actualmente, se asigna más de un 60% de probabilidad a futuras alzas de tasas, lo que añade presión adicional a la renta variable.
Las materias primas vivieron una semana marcada por una fuerte divergencia: mientras el petróleo se disparó impulsado por la crisis energética, el cobre registró caídas sostenidas ante temores de menor demanda global.
El mercado del petróleo experimentó una fuerte alza semanal, alcanzando sus niveles más altos desde mediados de 2022. El lunes, los precios iniciaron con caídas —el Brent retrocedió a US $100,5 por barril y el WTI a US $93,8— tras un alivio momentáneo en el suministro, luego de que embarcaciones lograran transitar por el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, el escenario cambió rápidamente. Desde mediados de semana, los precios comenzaron a subir, impulsados por ataques a infraestructura energética clave en Medio Oriente, incluyendo instalaciones en Irán y Qatar.
El movimiento se consolidó el viernes, cuando el Brent subió 3,6% y cerró en torno a US $112,5 por barril, reflejando el aumento en las tensiones geopolíticas y el riesgo de disrupciones en el suministro global.
A diferencia del petróleo, el cobre mostró una tendencia claramente bajista durante la semana. Si bien el lunes comenzó con un alza de 1,4%, alcanzando US$5,84 por libra, el impulso se desvaneció rápidamente. Las caídas se intensificaron hacia el cierre semanal: El viernes llegó a US $5,33 por libra, su nivel más bajo en tres meses.
El retroceso estuvo explicado por dos factores principales:
La información que se encuentra en este blog está destinada a un uso informativo general. No corresponde, en ninguna circunstancia, a un consejo personalizado de inversión. Cada individuo cuenta con necesidades diferentes, por lo que debes tener en consideración tu perfil de riesgo y objetivos, antes de tomar una decisión sobre tu situación financiera. Cabe destacar que, en este blog, se comparten solo datos fiables sobre el comportamiento histórico del mundo de las inversiones. Sin embargo, no se puede garantizar un resultado específico sobre el mercado, ya que el rendimiento podría variar. Ten en consideración que toda inversión está sujeta a riesgos, entre ellos la pérdida del dinero invertido; cada ejemplo que hemos proporcionado es meramente ilustrativo, ya que somos incapaces de poder predecir cómo se comportará el mercado.