Mercados globales reaccionan a la guerra: dólar al alza, petróleo en máximos y bolsas volátiles.

La escalada del conflicto en Medio Oriente marcó el ritmo de los mercados durante la semana. El aumento de la aversión global al riesgo impulsó una fuerte volatilidad en divisas, acciones y materias primas.
En Chile, el dólar superó los $910, mientras el IPSA registró fuertes caídas iniciales en medio del nerviosismo global. A nivel internacional, Wall Street mostró mayor resiliencia que Europa y Asia, mientras el petróleo se disparó por el riesgo de interrupciones en el estrecho de Ormuz, elevando temores inflacionarios.
En paralelo, el oro se fortaleció como activo refugio y el cobre retrocedió, reflejando el deterioro en las expectativas económicas frente al nuevo escenario geopolítico.
La semana comenzó con el dólar en $881,8, impulsado por un aumento de la aversión global al riesgo tras la intensificación del conflicto en Medio Oriente. Esto elevó la demanda por activos refugio: el Dollar Index subió cerca de 1%, el oro se acercó a US $5.300 la onza y el cobre cayó un 1,9%. A esto se sumaron alzas en las tasas soberanas de Estados Unidos —es decir, el rendimiento de los bonos del gobierno estadounidense—, impulsadas por temores inflacionarios ligados al aumento de los costos de la energía y por un ISM manufacturero que sorprendió positivamente al mercado. En Chile, en tanto, el Imacec de enero se ubicó por debajo de las expectativas, lo que también presionó al peso chileno.
El martes, el dólar saltó hasta $906,55, impulsado por un cambio en las expectativas del mercado local que llevó a inversionistas extranjeros a ajustar posiciones con ventas cercanas a US $1.780 millones contra el peso chileno. El impacto también se reflejó en la bolsa: el IPSA cayó 2,9%, en medio del cuarto día del conflicto en Medio Oriente y las preocupaciones por el impacto del petróleo en la inflación local, ya que Chile importa la mayor parte del petróleo que consume.
El miércoles, el mercado mostró una pausa y el dólar global retrocedió levemente, luego de reportes que indicaban contactos indirectos entre Irán y Estados Unidos para buscar una salida diplomática. Además, el ISM de servicios en EE.UU. superó las expectativas, lo que ayudó a estabilizar el ánimo de los inversionistas.
El jueves, la moneda estadounidense retomó su avance y alcanzó los $914,20, marcando un nuevo máximo del año, impulsado por un nuevo repunte del petróleo y la persistente incertidumbre geopolítica. En la jornada, el peso chileno fue la segunda moneda emergente con peor desempeño.
Finalmente, el viernes el tipo de cambio moderó su alza y cerró en $912,64, tras un debilitamiento del dólar global luego de que el mercado laboral de EE.UU. sorprendiera con la pérdida de 92 mil empleos en febrero. Aun así, la incertidumbre internacional continúa presionando al peso chileno.
La semana comenzó con una fuerte liquidación en la bolsa chilena. El lunes, el IPSA cayó un 3% y cerró en 10.549,28 puntos, registrando su peor sesión desde abril de 2025. La caída respondió a una ola de ventas global tras el estallido del conflicto en Medio Oriente. En el frente local, el impacto se amplificó luego de que el Imacec de enero sorprendiera negativamente, aumentando las dudas sobre el ritmo de crecimiento de la economía. Acciones de alto peso en el índice, como Falabella, Latam y Bci, lideraron los retrocesos.
La presión continuó el martes, cuando el índice retrocedió un 2,9% hasta los 10.248,96 puntos. Durante la jornada, el nerviosismo llevó al IPSA a caer 5,9% intradía, perdiendo momentáneamente la barrera de los 10.000 puntos, una caída que no se veía desde diciembre de 2021.
Tras dos jornadas de pérdidas, el miércoles el mercado logró un rebote y el IPSA subió 2,4% hasta los 10.494,97 puntos. El movimiento respondió a una reversión táctica en los mercados globales luego de reportes sobre posibles contactos indirectos entre Estados Unidos e Irán —aunque posteriormente desmentidos— y al anuncio de Donald Trump de ofrecer escolta naval a buques petroleros en el estrecho de Ormuz, lo que redujo temporalmente el temor a interrupciones en el suministro de crudo.
Sin embargo, la calma duró poco. El jueves, la bolsa chilena volvió a caer y cerró en 10.297,93 puntos. La persistente incertidumbre geopolítica y un nuevo repunte del petróleo Brent, que subió 3,8% y alcanzó su mayor nivel desde mediados de 2024, reactivaron los temores inflacionarios y presionaron al alza las tasas de interés globales.
Hacia el final de la semana, el mercado mostró cierta estabilización. El viernes, el IPSA cerró con una leve alza hasta los 10.314,03 puntos, apoyado por compras oportunistas de inversionistas que aprovecharon los precios más bajos tras las fuertes caídas de los días anteriores. A pesar de este rebote, el balance semanal siguió siendo negativo.
El principal factor detrás del desempeño del IPSA fue el shock de aversión al riesgo provocado por la guerra en Medio Oriente. El conflicto elevó las preocupaciones sobre el suministro de petróleo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo, lo que impulsó los precios del crudo.
Para Chile, este escenario es particularmente sensible. El país importa la mayor parte del petróleo que consume, por lo que un alza sostenida del crudo tiende a elevar las expectativas de inflación. Esto reduce el margen del Banco Central para recortar tasas de interés y suele restarle atractivo a la renta variable local. A este contexto se sumó el débil dato de crecimiento económico reflejado en el Imacec, que también influyó en el ánimo del mercado.
Episodios como el vivido esta semana muestran cómo los mercados pueden reaccionar con fuerza frente a eventos geopolíticos o macroeconómicos inesperados. Sin embargo, la historia demuestra que las caídas abruptas suelen ser parte natural del ciclo de los mercados.
Tomar decisiones impulsivas en medio de la volatilidad —como vender en los momentos de mayor incertidumbre— puede consolidar pérdidas que, en muchos casos, se tienden a recuperar con el tiempo. Por eso, para inversionistas con horizonte de largo plazo, mantener una estrategia diversificada y evitar decisiones basadas en el pánico suele ser una de las claves para enfrentar períodos de turbulencia.
En otras palabras, aunque la volatilidad pueda generar preocupación en el corto plazo, los mercados han mostrado históricamente una capacidad de recuperación significativa cuando se observan en horizontes más amplios. Mantener la disciplina y la perspectiva suele ser tan importante como elegir bien en qué invertir.
A diferencia de Europa y Asia, Wall Street logró absorber mejor el impacto inicial del conflicto. Aunque los índices comenzaron la semana con caídas, la recuperación fue relativamente rápida.
El lunes, pese a comenzar la jornada con pérdidas, Wall Street logró moderar gran parte del golpe hacia el cierre. El Nasdaq terminó con un alza de 0,4%, mientras el S&P 500 cerró prácticamente plano y el Dow Jones retrocedió apenas 0,2%.
Sin embargo, el nerviosismo regresó el martes. La creciente incertidumbre por la escalada militar llevó al índice de volatilidad VIX —conocido como el “índice del miedo”— a su nivel más alto desde abril de 2025. En ese contexto, el Nasdaq cayó un 1%, el S&P 500 retrocedió un 0,9% y el Dow Jones perdió un 0,8%.
La presión se disipó parcialmente el miércoles, cuando los mercados protagonizaron un repunte generalizado. El Nasdaq avanzó 1,3%, el S&P 500 subió 0,8% y el Dow Jones ganó 0,5%, reflejando una recuperación más rápida que la observada en otras plazas internacionales.
Varios elementos contribuyeron a que los mercados en Estados Unidos mostraran mayor resiliencia frente a la crisis.
El presidente Donald Trump buscó tranquilizar a los inversionistas señalando que la operación militar tendría una duración limitada —entre cuatro y cinco semanas— con el objetivo de neutralizar el programa nuclear y de misiles iraní. Analistas destacaron que, en un contexto previo a elecciones de mitad de mandato, existe poco incentivo político para prolongar el conflicto.
Tras las amenazas de la Guardia Revolucionaria iraní de cerrar el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo, Washington anunció cobertura de seguros de riesgo político y escolta naval para buques petroleros, lo que redujo el temor a interrupciones severas en el suministro.
A mediados de semana surgieron reportes que indicaban que Irán habría iniciado contactos indirectos con Estados Unidos para explorar una salida diplomática, lo que ayudó a calmar parcialmente a los mercados.
En el plano económico, los datos entregaron señales mixtas: el ISM manufacturero sorprendió positivamente, mientras que el mercado laboral mostró debilidad tras una inesperada pérdida de 92 mil empleos en febrero.
Los mercados asiáticos fueron de los más golpeados, principalmente por su alta dependencia de la importación de energía. Un aumento en el precio del crudo suele afectar directamente las perspectivas de crecimiento de la región y elevar las proyecciones de inflación.
A este escenario se sumó un factor macroeconómico adicional: China redujo su objetivo de crecimiento para 2026 a un rango entre 4,5% y 5%, el nivel más bajo en décadas, lo que intensificó el pesimismo en los mercados.
El lunes, el índice japonés Nikkei cayó un 1,4%, mientras que el Hang Seng de Hong Kong retrocedió un 2,1%. En contraste, el CSI 300 de China logró mantenerse con una leve alza de 0,4%. La presión vendedora se intensificó el martes, cuando el Nikkei se desplomó un 3,1%, el Hang Seng cayó un 1,1% y el CSI 300 retrocedió un 1,5%.
Europa fue la región que reaccionó con mayor nerviosismo inicial, reflejando su vulnerabilidad energética. Las alarmas se encendieron luego de que un ataque con drones obligara a detener operaciones en la mayor refinería de Saudi Aramco, mientras que Qatar interrumpió temporalmente una importante planta gasífera.
El impacto en los precios fue inmediato. Los futuros del gas natural europeo se dispararon cerca de un 40% el lunes, acumulando un aumento cercano al 70% hacia el martes.
Las bolsas reaccionaron con fuertes caídas. El Euro Stoxx 50 retrocedió un 2,5% el lunes y un 3,6% el martes, mientras que el FTSE 100 de Londres cayó 1,2% y 2,8% en las mismas jornadas. A mitad de semana el mercado logró estabilizarse. El miércoles, el Euro Stoxx 50 recuperó 1,7% y el FTSE 100 avanzó 0,8%, a medida que los inversionistas comenzaron a evaluar que el shock energético podría ser temporal.
La semana estuvo marcada por un fuerte ajuste en los mercados de materias primas tras el estallido del conflicto entre Estados Unidos e Irán. El petróleo fue el principal foco de atención por su impacto directo en la inflación global, mientras que el oro actuó como un activo refugio, pero experimentó cierta volatilidad porque los inversionistas prefirieron el dólar al ser más líquido, y el cobre retrocedió ante el aumento de la aversión al riesgo.
En medio del aumento de la tensión geopolítica, el oro registró un retroceso en los mercados internacionales. Aunque históricamente, suele actuar como refugio en períodos de incertidumbre, en esta ocasión una parte de los inversionistas prefirieron el dólar o los bonos.
Aún así, se mantuvo durante la semana sobre los US $5.000 por onza. Los analistas señalan que este repunte puede ayudar a compensar parcialmente el deterioro en los términos de intercambio de economías afectadas por el alza del petróleo, como Chile.
A diferencia del oro, el cobre se vio presionado por la incertidumbre global, revirtiendo la tendencia alcista que venía mostrando antes del conflicto. El lunes cayó un 1,9% hasta los US $5,94 por libra, perdiendo la barrera de los US $6. La presión continuó el martes, con una baja adicional de 1,5% hasta los US $5,86.
A mitad de semana se produjo un rebote técnico, cuando el cobre subió 1,4%, recuperando parte de la caída acumulada tras el shock inicial.
El petróleo fue el gran protagonista de la semana, impulsado por el riesgo de interrupciones en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del comercio energético mundial.
El lunes, el Brent subió entre 6% y 9% tras el inicio de las operaciones militares y un ataque que obligó a detener la mayor refinería de Saudi Aramco. El martes, el precio continuó subiendo hasta US $81 por barril, mientras bancos como Goldman Sachs y JPMorgan advirtieron que el crudo podría alcanzar entre US $100 y US $130 si el conflicto se prolonga.
El mercado encontró cierta estabilidad el miércoles, cerca de US $82, luego de que Estados Unidos anunciara protección naval y seguros de riesgo para buques petroleros. Sin embargo, la calma fue breve. El jueves, el Brent subió a US $84,5, y el viernes cerró con un salto cercano al 9% hasta los US $93 por barril, tras una paralización efectiva del tránsito en el estrecho de Ormuz.
El balance de la semana dejó claro que el conflicto en Medio Oriente reconfiguró rápidamente los mercados de commodities. Mientras el petróleo impulsó la volatilidad global, el oro captó flujos como refugio y el cobre reflejó el deterioro en las expectativas económicas ante el nuevo escenario geopolítico.
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