Resumen semanal: dólar, IPSA, Wall Street, Europa, Asia y commodities del 27 al 30 de abril de 2026.

El rechazo de la Casa Blanca a una propuesta de paz iraní y la decisión de mantener bloqueados los puertos en el estrecho de Ormuz aumentaron el precio del petróleo a niveles históricos, reavivando los temores inflacionarios globales.
En Chile, la sorpresiva alza en la tasa de desempleo al 8,9% añadió presión interna, mientras el Banco Central mantuvo su tasa de política monetaria con un tono restrictivo. Esta semana, el peso chileno llegó a registrar el peor desempeño entre las monedas emergentes, aunque logró moderar parte de sus pérdidas hacia el fin de semana largo.
La semana estuvo marcada por una alta volatilidad cambiaria, impulsada por una combinación de tensiones geopolíticas y datos económicos chilenos.
El día martes, el dólar comenzó la jornada superando la barrera de los $900, lo que llevó a inversionistas locales y extranjeros a aprovechar el nivel para deshacerse de sus posiciones, consideradas sobre compras. La venta de flujos de gran tamaño presionó el tipo de cambio a la baja, cerrando el día con un valor de $889,5.
Sin embargo, el mayor movimiento llegó el día miércoles. El dólar avanzó $19,4 en una sola jornada y llegó a los $908,8, su nivel más alto en tres semanas. Esta alza respondió a dos factores simultáneos: la postura de Estados Unidos de mantener bloqueado el estrecho de Ormuz, lo que impulsó el petróleo; y la publicación de un aumento del desempleo nacional al 8,9%. En ese punto, el peso chileno registró el peor desempeño entre las monedas emergentes.
Antes del feriado del Día del Trabajador, el mercado reaccionó con mayor calma a la crisis de Medio Oriente, generando una menor demanda de divisas, lo que permitió que el dólar cayera hasta los $901,2.
El factor principal que incidió en el precio del dólar fue la decisión de la administración Trump de rechazar la propuesta de paz de Irán y mantener bloqueados los puertos iraníes en el estrecho de Ormuz.
Esta escalada geopolítica generó un alza en los precios del petróleo, lo que a su vez fortaleció al índice dólar como activo refugio e impactó en las monedas emergentes. Chile, como una economía importadora neta de energía, resultó especialmente afectado por el shock energético.
A nivel local, la publicación de la tasa de desempleo nacional —sorprendió al mercado al llevar al 8,9%— generó una señal de fragilidad económica interna que influyó en la salida de inversiones. Además, la confirmación de que la Reserva Federal mantendría las tasas elevadas por más tiempo desvió los flujos institucionales desde activos emergentes hacia instrumentos del Tesoro de Estados Unidos, aumentando la depreciación del peso.
La Bolsa de Santiago no logró desacoplarse del pesimismo global y registró una caída del 2%, con el índice S&P IPSA descendiendo hasta los 10.856,18 puntos, sus mínimos de tres semanas. Este rendimiento fue transversal, la mayoría de las empresas del índice cerraron en negativo durante la semana corta.
Las acciones con peor desempeño fueron las del sector comercial y retail, las más sensibles a la inflación: Parque Arauco cayó un 3,8%; Andina-B un 3,7%; Cencosud un 3,3%; y Falabella un 3%. El encarecimiento de los combustibles afectó el poder adquisitivo de los consumidores e impactó en los márgenes operacionales de estas compañías.
En medio de la baja, SQM-B registró un avance del 4,3%. Dado el alto peso que tiene este papel dentro de la ponderación del IPSA, su desempeño positivo logró contener lo que de otro modo habría sido una corrección más pronunciada para el índice.
En el plano corporativo, la semana estuvo marcada por la publicación de resultados del primer trimestre de 2026. Diversas compañías enviaron sus balances a la CMF, destacando los de Viña Santa Rita, Empresas Gasco, Sociedad Punta del Cobre, Colbún y Embotelladora Andina. El mercado analizó estas cifras para evaluar el impacto real que han tenido el estancamiento económico y el elevado costo de financiamiento en los márgenes de ganancia de las grandes empresas.
En materia de política monetaria, el Banco Central de Chile mantuvo inalterada la TPM, tal como anticipaba el consenso. Sin embargo, el comunicado oficial se leyó con un tono restrictivo, al explicar la preocupación sobre la inflación por el traspaso del alza de los combustibles a los usuarios.
Frente a esto, el mercado ya podría estar comenzando a internalizar un alza de la tasa hacia julio o septiembre.
El mercado estadounidense ofreció resultados históricos: el S&P 500 cerró la semana por encima de los 7.200 puntos, su mayor avance mensual desde el año 2020. Este impulso provino del grupo de las "Siete Magníficas", en particular de Alphabet, donde Google Cloud reportó un crecimiento de ingresos por encima de lo esperado y concentró gran parte del flujo comprador de la semana.
Las acciones tecnológicas del Nasdaq registraron correcciones tras filtrarse informes del Wall Street Journal indicando que OpenAI no estaría alcanzando sus metas internas de ingresos y adopción de nuevos usuarios.
Esto generó una rotación sectorial desde el segmento de inteligencia artificial hacia industrias más defensivas dentro del propio índice.
La primera estimación del PIB estadounidense para el primer trimestre de 2026 arrojó un crecimiento anualizado del 2%, tres décimas por debajo de las proyecciones. En paralelo, el índice de gastos en consumo personal subyacente (PCE) avanzó 0,3% mensual, confirmando la resiliencia de las presiones inflacionarias.
Esta combinación de crecimiento resulta un poco decepcionante, ante una inflación persistente que reavivó el temor de una posible estanflación en Wall Street.
El evento de mayor impacto institucional de la semana fue la reunión de la Reserva Federal, la última presidida por Jerome Powell. La entidad mantuvo la tasa en su rango, pero la decisión estuvo acompañada por el nivel de disenso más amplio registrado desde 1992.
Tres funcionarios se negaron a respaldar cualquier sesgo flexible y exigieron una postura más dura frente a la inflación. En el extremo opuesto, Stephen Miran —nominado por la administración Trump— votó en solitario a favor de un recorte inmediato. Esto quedó expuesto ante el mercado y abrió interrogantes sobre cómo la Fed responderá a la presión inflacionaria que sigue llegando desde el frente energético.
Durante el miércoles, el Euro Stoxx 50 retrocedió un 0,3% y el FTSE 100 británico cayó un 1,2%. Tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo mantuvieron inalteradas sus tasas referenciales, siguiendo la tónica global.
El mercado de renta fija reflejó cierto nerviosismo: el rendimiento de los bonos alemanes alcanzó niveles no vistos desde 2011, superando momentáneamente el 3,13%, lo que encareció los costos de endeudamiento soberano en la región.
En Japón, el Nikkei retrocedió un 1% tras haber marcado máximos históricos recientemente. El Banco de Japón mantuvo su tasa clave, pero sorprendió al mercado al revelar que un número creciente de sus consejeros aboga por iniciar un ciclo de alzas para combatir el encarecimiento del petróleo.
El yen se depreció hasta sus peores niveles desde 2024, lo que generó un ultimátum de intervención contra los especuladores. Esta declaración fue interpretada por los mercados como una señal firme de que el gobierno estaba dispuesto a intervenir el mercado cambiario comprando yenes de forma masiva para frenar su caída, lo que provocó una apreciación del yen en torno al 2,5%.
En contraste con el resto del mundo, los mercados chinos operaron con mejor desempeño. El índice Hang Seng avanzó un 1,7% y el CSI 300 continental subió un 1,1%, desligándose parcialmente de la presión que afectó al resto de las bolsas globales.
El evento geopolítico de mayor alcance para los mercados asiáticos y globales fue el retiro oficial de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, tras años de tensión con las cuotas productivas del cártel.
Este abandono impactó en las expectativas sobre una dinámica futura de la oferta de crudo a nivel global y añadió una nueva capa de incertidumbre a un mercado energético ya volátil.
El mercado del petróleo fue el gran protagonista de la semana. Impulsado por el bloqueo en el estrecho de Ormuz y las declaraciones de Donald Trump sobre posibles acciones para asfixiar la economía iraní, los contratos de crudo Brent escalaron hasta marcar un valor intradiario de USD $126 por barril, el más alto desde 2022.
Sin embargo, este nivel fue seguido por una corrección. Al activarse la ventana en la sesión de Londres para convertir contratos de futuros en entregas físicas, los operadores constataron que la demanda real de barriles físicos no respaldaba el pánico especulativo del mercado de papel.
La liquidación de posiciones que se desencadenó afectó al precio en más de USD $13 en pocas horas. Pese al descenso y al anuncio de la OPEP+ sobre un incremento productivo de 188.000 barriles diarios, la prima de riesgo geopolítica se mantuvo firme, permitiendo que el Brent cerrara la semana cerca de los USD $113 y el WTI en torno a los USD $104,94.
Los metales industriales operaron a la baja, reflejando los temores a una potencial desaceleración económica global y el impacto de un dólar más fuerte. El cobre Comex cedió paulatinamente y perdió la barrera técnica de los USD $6 por libra, situándose en torno a los USD $5,93 al cierre de la semana.
El encarecimiento de la energía elevó los costos industriales a nivel global y frenó las proyecciones de crecimiento del PIB, lo que impactó en las expectativas de demanda para la construcción e infraestructura.
La información que se encuentra en este blog está destinada a un uso informativo general. No corresponde, en ninguna circunstancia, a un consejo personalizado de inversión. Cada individuo cuenta con necesidades diferentes, por lo que debes tener en consideración tu perfil de riesgo y objetivos, antes de tomar una decisión sobre tu situación financiera. Cabe destacar que, en este blog, se comparten solo datos fiables sobre el comportamiento histórico del mundo de las inversiones. Sin embargo, no se puede garantizar un resultado específico sobre el mercado, ya que el rendimiento podría variar. Ten en consideración que toda inversión está sujeta a riesgos, entre ellos la pérdida del dinero invertido; cada ejemplo que hemos proporcionado es meramente ilustrativo, ya que somos incapaces de poder predecir cómo se comportará el mercado.