Una tregua frágil movió todos los activos: dólar, IPSA, Wall Street, petróleo, cobre y oro.

La sexta semana de guerra en el Golfo Pérsico no terminó como empezó. Lo que arrancó con un ultimátum de Donald Trump para bombardear la infraestructura energética iraní se transformó, en cuestión de horas, en un acuerdo de cese al fuego de dos semanas mediado por Pakistán, Egipto y Turquía. Ese giro diplomático generó el mayor rally del año en prácticamente todos los mercados del mundo.
El patrón fue claro: tensión al inicio, euforia tras el acuerdo y una posible estabilización hacia el cierre. En Chile, el dólar se cayó casi $30 en una sola jornada antes de estabilizarse en torno a los $900. El IPSA saltó más de un 3% en una sesión y recuperó los 11.000 puntos. El petróleo marcó máximos históricos de USD $144 por barril para luego bajar un 16%. Y el cobre, impulsado por la demanda china, cerró en su mejor nivel en tres semanas.
La divisa estadounidense operó al ritmo del conflicto bélico. Al inicio de la semana, con el ultimátum de Trump exigiendo a Irán reabrir el estrecho de Ormuz antes del martes a las 20:00 horas —bajo amenaza de ataques a plantas energéticas y puentes—, el mercado adoptó posiciones defensivas. El dólar fluctuó en torno a los $919,5, sin lograr definir una dirección.
El punto de quiebre llegó con la confirmación de la tregua. La combinación de una debilidad del dólar a nivel global, un aumento del apetito por activos de riesgo y un repunte del cobre provocó que la paridad se desplomara casi $30 en las primeras operaciones de la jornada posterior al acuerdo.
Hacia el cierre de la semana, el tipo de cambio se estabilizó cerca de los $893,80 y mostró algunas alzas hasta los $900. Felipe Sepúlveda, jefe de análisis para Admirals Latinoamérica, explicó que esta moderación respondió a: "una combinación de estabilización del dólar global, efectos del escenario inflacionario externo y toma de utilidades tras las fuertes caídas previas".
Un factor que puso piso al dólar fue la inflación en Estados Unidos: el IPC de marzo registró un salto interanual de 3,3%, recordando que las presiones derivadas del encarecimiento de la energía siguen presentes. Según expertos, esta alza refuerza la postura de la Reserva Federal y evita un hundimiento mayor de la moneda norteamericana.
En los primeros días, el IPSA experimentó retrocesos de un 1,7% que lo llevaron cerca de los 10.518 puntos, posicionándolo como uno de los índices con peores retornos en Latinoamérica. Acciones como CMPC (-4,3%), Bci (-3,6%) y Copec (-2,4%) reflejaron la caída provocada por la amenaza de una escalada bélica.
Sin embargo, el alivio geopolítico y la promesa de reapertura del estrecho de Ormuz desataron una subida de un 3,22% en una sola sesión, llevando al IPSA a 10.857 puntos. El protagonista fue Latam Airlines, que subió 8,32% impulsada por la caída de casi 10% en el precio del jet fuel. Expertos señalaron que el movimiento se justificó íntegramente por el alivio en la principal estructura de costos de la aerolínea. Mientras tanto, Enel Chile acompañó el alza al subir un 4,89%.
Al cierre de semana, el IPSA terminó por encima de los 11.000 puntos —específicamente en 11.075,51—, un nivel que había perdido el 26 de febrero. Los inversionistas redirigieron sus apuestas hacia consumo interno y retail inmobiliario; donde Cenco Malls (+4,77%), Colbún (+3,8%) y Cencosud (+2,62%) lideraron las alzas. En el plano corporativo, Concha y Toro ejecutó un programa de recompra de 29,31 millones de acciones por más de $27.000 millones, con ofertas que casi duplicaron esa cifra.
El IPC de marzo registró una cifra históricamente alta, explicada casi íntegramente por los incrementos en el precio de las gasolinas durante las semanas previas a la tregua. La consecuencia directa: la Unidad de Fomento subirá $398,4 a partir del 9 de abril y superará por primera vez la barrera de los $40.000. Para los hogares con créditos hipotecarios, arriendos o planes de salud indexados a la UF, el impacto será inmediato.
Ante la amenaza de nuevos traspasos de costos internacionales a los surtidores, el Ministerio de Hacienda evaluó la activación del "parámetro alfa" dentro del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), una herramienta diseñada para escenarios de crisis que busca contener los encarecimientos proyectados y frenar su efecto multiplicador sobre el transporte y los bienes de consumo básicos.
En el ámbito aeronáutico, el CEO de JetSmart reconoció que las alzas en el combustible generan un contexto "muy desafiante", aunque las estrategias preventivas de la aerolínea los tomaron en buen momento operativo.
Mientras tanto, en la industria agrícola, se encendieron alarmas: más del 25% de las plantaciones de cerezas en Chile podrían verse forzadas a salir del negocio, ante un agudo problema de sobreoferta en China.
También destacó la marcha atrás de la Dirección del Trabajo respecto a su nuevo sistema de fiscalización y la suspensión de los derechos de Puerto Coronel como querellante en una investigación judicial.
Al inicio de la semana, los operadores, conscientes de que Trump había fijado un plazo para bombardear las instalaciones petroleras de la isla Kharg —desde donde Irán exporta el 90% de su crudo—, mantuvieron posiciones defensivas. La tensión escaló cuando el presidente publicó en Truth Social que "esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás". Bajo esa incertidumbre, el Nasdaq subió un marginal un 0,1%, el S&P 500 cerró plano y el Dow Jones cayó un 0,2%.
El cambio fue radical tras la confirmación de la tregua mediada por el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif. El Dow Jones subió un 2,85% —su mejor sesión desde 2025—, el Nasdaq avanzó un 2,80% y el S&P 500 ganó un 2,51%.
Las "Siete Magníficas" tecnológicas lideraron con alzas de hasta 6,50%, estas son Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta Platforms, Nvidia y Tesla. Los expertos explicaron que el rally podría haberse apoyado en la expectativa de que menores los precios del petróleo moderarían la inflación, beneficiando a "los cíclicos y los valores sensibles a las tasas".
Al final de semana, el IPC de Estados Unidos sorprendió al mercado con un crecimiento mensual de 0,9% —bajo lo esperado del 1%, pero aún así el mayor en casi cuatro años—, reflejo directo del alza del petróleo. Pero el mercado valoró la resiliencia económica: el ISM de servicios se cifró en 54 puntos y las nóminas no agrícolas sorprendieron al alza.
Las plazas asiáticas, por su huso horario y su dependencia del suministro energético del Golfo Pérsico, fueron las primeras en reaccionar. Al inicio de la semana, con China cerrada por el Día de Limpieza de Tumbas, el Nikkei japonés avanzó apenas un 0,6%. Pero al recibir las confirmaciones de la tregua durante su madrugada, el alivio fue inmediato: Shanghái reabrió con un salto de un 2,69% y el Hang Seng de Hong Kong repuntó un 3,09%, marcando el tono positivo que podría contagiar al resto del globo.
El viejo continente se incorporó con retraso debido al feriado de Pascua. Al retomar las operaciones el día martes, los mercados absorbieron parte del impacto del ultimátum: el Euro Stoxx 50 perdió un 1,1% y el FTSE 100 retrocedió un 0,8%, ante el temor de que aeropuertos y refinerías europeas enfrentaran escasez de combustible en tres semanas.
Pero el acuerdo de alto al fuego funcionó como una inyección de adrenalina. El DAX alemán se creció un 4,72%, el CAC 40 francés un 4,45% y el FTSE 100 un 2,5%. Entre el alzas, lideró el sector aeronáutico: Lufthansa y EasyJet lograron retornos superiores al 10% en una sola sesión, aliviadas por la caída del jet fuel. En minería, Antofagasta Plc subió más de 10% en Londres. En contrapartida, Shell cayó 4,7% ante el repliegue del crudo. Al cierre semanal, el Euro Stoxx 50 avanzó un 0,37%.
El estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas, estuvo al borde del cierre bajo fuego cruzado. En medio del pánico, los futuros del crudo marcaron un máximo histórico intradía de USD $144 por barril.
La confirmación de la tregua provocó el colapso diario más profundo desde abril de 2020. El WTI se bajó un 16%, perdiendo la barrera de los USD $100 para ubicarse en USD $94,41, mientras que el Brent europeo cayó más de un 13%, hasta US$94,75. Además, durante la semana 21 naves, aproximadamente, circularon el estrecho, incluyendo embarcaciones de China, India, Grecia y Francia.
Hacia el cierre, los contratos rebotaron marginalmente: el Brent terminó en USD $95,92 y el WTI en USD $97,87. Pero la situación sigue siendo frágil, el alto al fuego podría leerse como una tregua débil, dado que ninguna de las partes consiguió alguna victoria real. Irán sólo permite el cruce de una docena de barcos diarios cobrando peaje, e Israel continuó con bombardeos en Líbano argumentando que la tregua no aplicaba allí.
El cobre no se correlacionó con el temor del petróleo y encontró soporte en la reactivación de la demanda industrial. El contrato a tres meses en la Bolsa de Metales de Londres cerró en USD $12.742,5 por tonelada (USD $5,77 por libra), su nivel más alto en tres semanas y una mejora de un 9% desde sus mínimos de marzo.
El impulso vino desde China, los inventarios de cobre en la Bolsa de Futuros de Shanghái cayeron un 11,5% en una sola semana y acumulan un descenso de un 37% desde principios del mes anterior, lo que indica que las fábricas chinas están consumiendo el metal activamente.
En los momentos de máxima tensión —justo antes de que expirara el ultimátum y mientras Trump amenazaba con la "destrucción de una civilización"—, el flujo de capitales hacia activos de refugio empujó al oro a USD $4.742,92 por onza troy.
La cifra reflejaría la ansiedad que atravesó el sistema financiero global: los gestores de fondos, previendo un escenario de guerra extendida e inflación en alza, canalizaron sus posiciones hacia el refugio más antiguo de la humanidad.
A medida que las bolsas activaron su rally de alivio, la presión alcista sobre el oro se moderó, aunque se mantuvo en niveles históricamente elevados por la desconfianza latente en torno al alto al fuego.
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