Riesgos en inversiones: tipos, ejemplos y cómo gestionarlos correctamente

Conoce los principales riesgos en inversiones y estrategias para mitigarlos en tus inversiones.

Francisca Valenzuela
Francisca Valenzuela
riesgos al invertir

Invertir siempre implica un grado de riesgo. Ninguna inversión —por más segura que parezca— está completamente libre de variaciones o pérdidas potenciales. Sin embargo, entender los riesgos en inversiones no significa evitarlos, sino aprender a gestionarlos de forma inteligente, para que trabajen a favor de tus objetivos y no en contra.

En este artículo te explicamos los principales tipos de riesgos financieros, cómo se manifiestan en distintos instrumentos —incluidos los fondos de inversión— y qué puedes hacer para mitigarlos.

1. Riesgo de mercado

El riesgo de mercado es el más conocido y uno de los más inevitables al invertir. Se refiere a la posibilidad de que el valor de tus inversiones fluctúe debido a cambios en las condiciones económicas, políticas o sociales globales.

Por ejemplo, una subida en las tasas de interés puede hacer que bajen los precios de los bonos, o una crisis económica puede reducir el valor de las acciones. Estos movimientos son normales en los mercados y forman parte del ciclo económico.

El impacto dependerá del tipo de activo:

  • En renta fija, el valor de los bonos puede llegar a caer cuando suben las tasas.
  • En renta variable, las acciones podría bajar ante menor crecimiento o incertidumbre.
  • En fondos de inversión, el valor cuota podría reflejar esos cambios en su cartera.

¿Cómo gestionarlo?

La mejor herramienta para mitigar el riesgo de mercado es la diversificación: combinar activos distintos (acciones, bonos, deuda privada, etc.) y mantener una visión de largo plazo. Históricamente, se ha demostrado que los movimientos de corto plazo tienden a corregirse con el tiempo. Sin embargo, también debemos considerar que este riesgo jamás se eliminará por completo. 

2. Riesgo de crédito

El riesgo de crédito aparece cuando un emisor de deuda —una empresa, institución o proyecto— no puede cumplir con sus pagos de capital o intereses. Este tipo de riesgo afecta especialmente a los fondos de inversión en deuda privada o bonos corporativos.

Por ejemplo, si una empresa financiada por un fondo entra en mora, el flujo de intereses puede interrumpirse y afectar el rendimiento del fondo. En los mercados, la probabilidad de impago se mide a través del riesgo crediticio del emisor.

¿Cómo gestionarlo?

Los gestores profesionales realizan un análisis de solvencia y de capacidad de pago, establecen garantías reales (como hipotecas o cesión de flujos) y diversifican entre distintos deudores y sectores.  Además, en muchos casos, se apoyan en clasificadoras de riesgo, que evalúan de manera independiente la capacidad de pago o el riesgo de incumplimiento del emisor, aportando una capa adicional de análisis y transparencia.

En Holdo, por ejemplo, los fondos de deuda privada cuentan con procesos de evaluación crediticia rigurosos antes de otorgar financiamiento.

3. Riesgo de liquidez

El riesgo de liquidez se produce cuando no puedes vender tus inversiones o rescatar tu dinero en el momento que deseas, sin afectar significativamente su valor. Es común en instrumentos o fondos que invierten en activos no transados en bolsa, como proyectos inmobiliarios o deuda privada.

A diferencia de los fondos mutuos —que suelen tener liquidez diaria—, los fondos de inversión pueden tener ventanas definidas de rescate (mensuales, trimestrales, semestrales o plazos más extensos), porque sus activos requieren más tiempo para liquidarse.

¿Cómo gestionarlo?

Antes de invertir, es fundamental alinear tu horizonte temporal con la política de liquidez del fondo. Si necesitarás el dinero a corto plazo, busca alternativas con rescate rápido. Si puedes mantenerlo invertido por más tiempo, la iliquidez puede incluso jugar a tu favor con una rentabilidad mayor.

4. Riesgo de concentración

El riesgo de concentración ocurre cuando una inversión depende en mayor medida de un sólo activo, sector o mercado. Si esa área se ve afectada, el impacto puede ser significativo en toda la cartera.

Por ejemplo, un fondo que concentra gran parte de su cartera en el sector inmobiliario podría sufrir más si las tasas de interés suben o si disminuye la demanda de propiedades. Este riesgo también aparece cuando un inversionista mantiene todo su dinero en un mismo producto o país.

¿Cómo gestionarlo?

Diversificar es la regla de oro. Combinar instrumentos de distintos emisores, industrias y geografías puede ayudar a reducir la exposición a eventos específicos. En los fondos administrados profesionalmente, este control está definido en el reglamento interno del fondo, que establece límites máximos por sector o emisor.

5. Riesgo operacional

El riesgo operacional no depende directamente del mercado, sino de los errores internos, fallas tecnológicas o malas prácticas de gestión dentro de una institución financiera o administradora de fondos. Incluye desde errores humanos hasta problemas en los sistemas de custodia o administración.

Aunque no es el tipo de riesgo más visible para el inversionista, puede tener consecuencias relevantes si no hay controles adecuados.

¿Cómo gestionarlo?

Elegir instituciones reguladas por la CMF y fondos administrados por AGF (Administradora General de Fondo) reconocidas con procesos de auditoría y gobierno corporativo sólidos. En plataformas como Holdo, los fondos distribuidos se administran bajo supervisión regulatoria, con proveedores de custodia y auditoría de primer nivel.

6. Riesgo inflacionario

El riesgo inflacionario surge cuando el aumento sostenido de precios reduce el poder adquisitivo de tu dinero. Si la inflación supera la rentabilidad nominal de tus inversiones, en términos reales estás perdiendo valor.

Este riesgo afecta especialmente a instrumentos de renta fija en pesos, donde los flujos son fijos y no se ajustan a la inflación. Por eso, en Chile muchos inversionistas optan por fondos que invierten en instrumentos indexados a la UF, que mantienen su valor real en el tiempo.

¿Cómo gestionarlo?

Priorizar inversiones con rendimiento real (UF) o activos que generen retornos superiores a la inflación proyectada. En los fondos de deuda privada, muchos préstamos se estructuran directamente en UF, lo que ofrece una protección natural frente al alza de precios.

7. Riesgo cambiario

El riesgo cambiario afecta a las inversiones en moneda extranjera, como dólares, euros u otros. Si el tipo de cambio varía, el valor de tus activos en pesos chilenos también cambia. Por ejemplo, si el dólar cae después de que invertiste en un fondo en esa moneda, tus retornos en pesos podrían ser menores, incluso si el fondo tuvo buen desempeño en dólares.

¿Cómo gestionarlo?

Diversificar entre monedas o invertir en fondos que implementen estrategias de cobertura cambiaria. En algunos casos, mantener parte del portafolio en dólares puede servir como protección ante devaluaciones del peso.

8. Riesgo político o regulatorio

Los cambios en políticas públicas, impuestos o regulaciones pueden alterar la rentabilidad esperada de las inversiones. Por ejemplo, modificaciones en la tributación de fondos, nuevas normas de capital o restricciones a ciertos sectores pueden impactar directa o indirectamente en los resultados.

Este tipo de riesgo es más relevante en fondos que invierten en activos locales o en sectores sensibles a decisiones políticas (energía, infraestructura, inmobiliario).

¿Cómo gestionarlo?

Invertir a través de administradoras con experiencia y evitar concentrar todo el portafolio en un sólo país o industria.

9. Riesgo emocional

Aunque no se menciona en los manuales tradicionales, el riesgo emocional es uno de los más comunes. Consiste en tomar decisiones impulsivas —como vender cuando el mercado cae o entrar cuando todos compran—, lo que suele generar resultados peores que mantener una estrategia planificada.

El miedo o la euforia pueden hacer que un inversionista salga de un fondo justo antes de su recuperación, perdiendo los beneficios de largo plazo.

¿Cómo gestionarlo?

Definir tus objetivos y horizonte desde el principio, y mantener la disciplina incluso en momentos de volatilidad. Contar con asesoría profesional o una plataforma que te ayude a entender tu perfil —como Holdo— reduce el impacto de las decisiones emocionales.

El riesgo no se elimina, se gestiona

Invertir implica asumir riesgos, pero también entender cómo funcionan y aprovecharlos a tu favor.El secreto no está en evitar el riesgo, sino en tomar el nivel adecuado para tus objetivos, horizonte y tolerancia personal.

Los fondos de inversión, especialmente los de deuda privada, son un ejemplo de cómo los riesgos pueden transformarse en oportunidades: aceptan menor liquidez a cambio de rendimientos estables y diversificados.

En Holdo, combinamos inteligencia artificial y asesoría humana para ayudarte a conocer tu perfil y construir un portafolio con riesgo controlado, diversificado y alineado con tus metas. Porque invertir bien no es evitar el riesgo, sino aprender a gestionarlo con inteligencia.

Tus objetivos son únicos, tus inversiones también deberían serlo. Agenda una asesoría.

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La información que se encuentra en este blog está destinada a un uso informativo general. No corresponde, en ninguna circunstancia, a un consejo personalizado de inversión. Cada individuo cuenta con necesidades diferentes, por lo que debes tener en consideración tu perfil de riesgo y objetivos, antes de tomar una decisión sobre tu situación financiera. Cabe destacar que, en este blog, se comparten solo datos fiables sobre el comportamiento histórico del mundo de las inversiones. Sin embargo, no se puede garantizar un resultado específico sobre el mercado, ya que el rendimiento podría variar. Ten en consideración que toda inversión está sujeta a riesgos, entre ellos la pérdida del dinero invertido; cada ejemplo que hemos proporcionado es meramente ilustrativo, ya que somos incapaces de poder predecir cómo se comportará el mercado.