Inflación bajo control, señales de recorte de tasas, dólar a la baja y mercados globales volátiles.

La economía chilena cerró la semana con una combinación de señales alentadoras y episodios de volatilidad. La confirmación de una inflación anual bajo la meta del Banco Central, junto con datos de actividad que sorprendieron al alza, reforzó la percepción de que el proceso de normalización macroeconómica estaría avanzando.
Al mismo tiempo, los mercados —tanto locales como internacionales— enfrentaron fuertes movimientos, reflejando un escenario global aún sensible a datos macro, flujos de dinero y las expectativas sobre política monetaria.
En este contexto, podríamos decir que el foco del mercado estaría comenzando a desplazarse de la inflación al crecimiento, reactivación y un potencial calendario de recortes de tasas.
El principal hito macroeconómico de la semana fue la publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero por parte del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). El indicador registró una variación mensual de 0,4%, exactamente en línea con las expectativas del mercado. Con ello, la inflación en doce meses descendió a 2,8%, su nivel más bajo desde febrero de 2021.
Este registro no sólo confirma la desaceleración de los precios, sino que también ubica la inflación por debajo del centro del rango meta del Banco Central, consolidando el proceso de convergencia inflacionaria tras varios años de presiones significativas sobre el costo de vida. Desde una perspectiva macro, este punto marca un cambio relevante: la inflación deja de ser la principal restricción para la política monetaria y abre espacio para una discusión más activa sobre estímulos al crecimiento.
La moderación inflacionaria ha llevado al mercado financiero a descontar casi por completo un nuevo recorte de tasas en la próxima reunión del Banco Central de Chile en marzo. Los estudios de expectativas asignan una probabilidad cercana al 86% a este escenario, reflejando que la inflación ya no es la principal preocupación para los operadores.
Además, analistas destacan que la fortaleza reciente del peso chileno frente al dólar podría contribuir a reducir el traspaso a precios de bienes importados, lo que ayudaría a contener las proyecciones de inflación hacia adelante y reforzaría el espacio para una política monetaria más expansiva.
En materia de actividad real, la semana comenzó con una sorpresa positiva. El Imacec de diciembre registró un crecimiento interanual de 1,7%, superando las estimaciones del mercado. El resultado fue impulsado principalmente por el sector de servicios y la producción de bienes no mineros, sugiriendo que la economía chilena muestra una resiliencia mayor a la anticipada.
En paralelo, las expectativas de los hogares mostraron una leve mejora. El Índice de Confianza del Consumidor (CCI) de Ipsos subió 0,2 puntos en enero, alcanzando 49,4 puntos. Aunque el indicador se mantiene en terreno pesimista, quedó muy cerca del umbral de optimismo.
La mejora se explicó por una percepción más favorable sobre la situación actual y las condiciones para invertir, influida por el clima político tras la reciente elección presidencial.
No obstante, aún existe un grado de desconfianza: los subíndices de expectativas económicas y empleo retrocedieron, reflejando temores latentes sobre la estabilidad laboral y el riesgo de pérdida de empleo.
El tipo de cambio vivió una semana marcada por alta volatilidad, provocado por factores técnicos, flujos de dinero internacional y movimientos de los commodities, especialmente del cobre. Tras iniciar la semana con una corrección a la baja hacia los $865, el dólar volvió al alza a mitad de semana por la caída del cobre y un mayor nerviosismo global.
Sin embargo, el movimiento decisivo llegó el viernes, cuando el dólar cayó más de $10 para cerrar en $856,6, su nivel más bajo desde septiembre de 2023. En el balance semanal, acumuló una caída cercana a $18, rompiendo soportes técnicos relevantes.
Hasta mediados de enero, los inversionistas extranjeros mantenían una visión marcadamente pesimista sobre el peso chileno. Su apuesta era clara: el dólar seguiría subiendo.
En términos técnicos, sostenían una posición neta compradora de dólares —es decir, en contra del peso— cercana a los US $9.600 millones. En la práctica, esto implicaba una fuerte demanda por dólares que ayudaba a sostener un tipo de cambio elevado.
Sin embargo, durante las últimas semanas esa percepción comenzó a cambiar, impulsada por datos económicos locales mejores de lo esperado, como el crecimiento del Imacec de 1,7%, y por el repunte momentáneo del cobre, factores que restaron atractivo a la apuesta alcista por el dólar.
Frente a esto, los inversionistas comenzaron a desarmar masivamente sus posiciones, reduciendo su exposición desde cerca de US $9.600 millones a alrededor de US $4.900 millones en pocos días. Esto implicó una ola de ventas de dólares que ejerció una presión bajista directa sobre el tipo de cambio, empujándolo desde niveles cercanos a $870 hasta la zona de $856.
A este movimiento se sumó un factor técnico adicional: la activación de stop loss, mecanismos automáticos que obligan a vender cuando el dólar cae bajo ciertos niveles.
El mercado de commodities fue uno de los focos de mayor volatilidad. El cobre, tras caer a inicios de semana, saltó el martes un 4,1%, superando los USD $6 por libra, impulsado por los anuncios de China sobre la expansión de sus reservas estratégicas.
No obstante, parte de ese entusiasmo se revirtió, con una caída del 3,5% el miércoles en un contexto de menor apetito por riesgo. Hacia el cierre semanal, el metal logró estabilizarse y cerrar en torno a USD $5,86 por libra.
Los analistas advierten que los precios actuales podrían incorporar un componente especulativo, más que una demanda real, con espacio para una corrección hacia niveles más cercanos a USD $5,2–5,3 a mediano plazo.
Lo ocurrido esta semana en el mercado del oro y la plata, respondió más a una liquidación técnica masiva, comúnmente denominada limpieza de excesos, más que a un deterioro real de estos metales en el mercado.
La plata fue la gran protagonista de la caída: en apenas 48 horas llegó a perder más de 30% de su valor, acumulando una caída de 26,4% el viernes previo y otro 7,3% el lunes siguiente. El oro, aunque más estable, tampoco quedó al margen y retrocedió cerca de 5% al inicio de la semana. Según los analistas, el ajuste se explicó por niveles extremos de sobrecompra en los metales y una recuperación del dólar global, lo que obligó a un reajuste de precios.
La magnitud del movimiento también se explica por la doble naturaleza de la plata, que combina su rol de activo refugio con su uso intensivo como insumo industrial, haciéndola estructuralmente más volátil que el oro.
Sin embargo, hacia el cierre de la semana el escenario se estabilizó y ambos metales recuperaron parte importante de lo perdido: el viernes, la plata rebotó 9% y el oro avanzó 3,8%, apoyados en una estabilización del dólar y datos que reactivaron la demanda defensiva.
El episodio terminó funcionando como un proceso de depuración del mercado, recordando que, pese a su volatilidad de corto plazo, el oro y la plata siguen cumpliendo un rol clave como resguardo de valor en contextos de incertidumbre.
Aunque el S&P IPSA logró alcanzar un tono claramente optimista a inicios de la semana, cerrando el martes en 11.609 puntos, impulsado por el repunte de materias primas; la tendencia se revirtió entre la mitad y final de semana.
El viernes, el índice terminó en 11.210,78 puntos, acumulando una caída semanal de 1,8% y alejándose de los máximos históricos que había rozado días antes. Este ajuste no fue exclusivo de Chile, sino parte de un proceso regional de toma de utilidades, donde los inversionistas institucionales decidieron asegurar ganancias tras el fuerte desempeño de los mercados latinoamericanos a inicios de año.
El miércoles marcó el punto más débil de la semana, con el IPSA cayendo 1,6%, su peor desempeño diario en tres meses, en línea con fuertes retrocesos en otras plazas de la región como Perú (-4,3%) y Brasil (-2,4%). A este entorno adverso se sumaron noticias corporativas específicas que actuaron como lastre para el índice.
SQM fue el principal lastre del IPSA luego de que su socio Tianqi anunciara la posible venta de un 1,25% de la compañía, lo que activó una presión vendedora. El mercado reaccionó negativamente ante el aumento esperado de oferta de acciones y la incertidumbre sobre la futura estructura de propiedad.
Pese a reportar resultados excepcionales, con un crecimiento de 50% en utilidades, Latam cayó arrastrada por el mal ánimo regional. Analistas interpretan la baja como una corrección técnica, manteniendo una visión positiva de largo plazo y considerando los niveles actuales como una oportunidad de entrada.
Cencosud actuó como una especie de refugio bursátil, cerrando la semana con un alza acumulada de 6% pese a resultados trimestrales débiles. Los inversionistas privilegiaron su escala, estabilidad y flujos de caja, apostando a una normalización gradual de márgenes hacia 2026.
Aunque superó las expectativas con un alza anual de 13,8% en utilidades, Cenco Malls fue castigada por una toma de utilidades tras fuertes alzas previas. El mercado rotó posiciones hacia la matriz, reflejando que los buenos resultados ya estaban incorporados en el precio de la acción.
Lo que comenzó como una corrección en el sector tecnológico terminó con un fuerte repunte el viernes, llevando a varios índices a niveles históricos. La dinámica reflejó un mercado sensible a valoraciones, expectativas de rentabilidad y señales macroeconómicas, pero también dispuesto a retomar el riesgo.
Durante gran parte de la semana dominó una rotación sectorial: los inversionistas redujeron su exposición a acciones tecnológicas —tras un prolongado rally— para mover su capital hacia sectores más cíclicos y tradicionales.
El castigo respondió principalmente a guías futuras decepcionantes y al temor por el elevado gasto en infraestructura de inteligencia artificial. El caso más emblemático fue AMD, cuya acción se desplomó 17,3% luego de que el mercado cuestionara sus proyecciones, pese a buenos resultados.
A esto se sumó la preocupación por el capex anunciado por gigantes como Alphabet y Amazon, cuyos ambiciosos planes de inversión en IA generaron dudas sobre los plazos de retorno. En paralelo, el sector software también sufrió cierta presión ante el temor de que nuevas herramientas de automatización erosionen modelos de negocio tradicionales.
Sin embargo, el viernes todo cambió, gracias a tres factores:
La bolsa de Tokio brilló la semana del 2 de febrero, con el Nikkei subiendo 1,8% en la semana y alcanzando máximos históricos. El impulso vino desde dos frentes: una mayor certidumbre política, tras la convocatoria a elecciones generales que el mercado interpretó como una señal de continuidad pro-crecimiento, y un renovado optimismo en el sector tecnológico, alineado con la narrativa global sobre inteligencia artificial.
En contraste, los mercados chinos cerraron la semana en rojo. El Hang Seng cayó 3% y el CSI 300 retrocedió 1,3%, pese a un repunte puntual impulsado por anuncios de expansión de reservas estatales de cobre.
El mercado sigue mostrando escepticismo frente a medidas que, hasta ahora, no logran cambiar la tendencia de fondo ni reactivar de manera sostenida el apetito por riesgo.
Europa volvió a posicionarse como un foco de resiliencia, desacoplándose del ajuste tecnológico estadounidense y mostrando un tono constructivo. El Euro Stoxx 50 avanzó 0,9% en la semana, mientras que el FTSE 100 de Londres ganó 1,4%, apoyado en sectores defensivos y valoraciones más atractivas.
Este desempeño sugiere que, mientras EE.UU. recalibraba sus expectativas sobre la tecnología y el crecimiento, los flujos globales encontrarían oportunidades en mercados desarrollados con menor volatilidad, reforzando el atractivo relativo del viejo continente.
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